sábado, 19 de julio de 2008

Frases Célebres en el 2007

UBICACIÓN: VENEZUELA

AUTORES: VARIOS (Médium, mediocres…)

COMPILADOR (A): SUMMA Alejandra Alcalá

“Cada quien tiene lo que se merece” (Y no se mereció nada)
“Son cosas que pasan” (Y no pasaron)
“Te aseguro que nadie entrará” (Y nadien entró)
“Nadie es profeta en su tierra” (Y nadien lo es)
“Es una oportunidad que no puedes desaprovechar” (Y no se desaprovechó)
“Hay que pagar el noviciado” (Y no éramos, ni somos monjas)
“Lo siento” (De verdad, lo sintió)
“Me suplicaron” (Suplicaron y salpicaron)
“No te vayas” (Y me fui)
“Te quiero” (Y no era verdad)
“No te quiero perder. Yo tampoco” (Y se perdieron, yo también)
“Te quiero muchísimo, no quise confundirte” (Me confundió queriéndome)
“Hay cosas que descubrirás sola” (Y las descubrí gracias a él)
“Me equivoqué” (Y no le creí, porque yo no me equivoco)
“¿Por qué no te callas?” (Y se tuvo que callar, pese a que no oyó la sugerencia)
Eso es lo que hay, tú ves lo que haces… Tú decides… (Había, hicimos, decidimos…)
“Es la mejor que ha pasado por mis manos” (¿Será que los otros mejores [e inmejorables] le pasaron por los pies?)
NO, así ¡NO! (pues NO)
Así SÍ se dijo NO (Sin querer queriendo, ¿no?)
Eran 7millones los de un triunfo pasado, ahora son 4millones los de una derrota magnánima y 4millones los de un triunfo de mierda. (¿Qué pasó con la maleta de Antonini?)
“Yo lo prefiero así” (Claro, porque fue “un triunfo de mierda”)

miércoles, 11 de junio de 2008

HOY... Ausencia, incertidumbre, decepción, inexistencia... SOLEDAD...


Hoy... "Se me muere un día más..." Así dice una parte de la canción "Soledad" de mi mejor amigo Arjona, con quien evidentemente sólo me comunico por sus canciones, pero eso me basta para saber que me entiende, que nos entendemos.


Hoy no es precisa y enteramente que deseo escribir sobre la soledad, sino sobre tantas otras cosas que se han enturbiado en mi ser y me han hecho chocar de frente con mis conflictos existenciales, quizá los de siempre, quizá los más simples, quizá...


Hoy me he enfrentado a la rutina, a veces no fijamos nuestras acciones en lo difícil que resulta luchar en y contra la rutina; vivir un día igual al otro, o casi igual, vivir siempre alrededor de la queja, de la incertidumbre, de las dudas, de la confusión, del error, de la hipocresía, de la mentira, de la mediocridad, de lo que no existe, de lo que NO ES.


Hoy... Es hondo el vacío existencial que se siente cuando percibimos que los seres que nos rodean simplemente NO SON; y NO SON porque no tienen ideales ni sueños humanos, verdaderamente humanos, simplemente la escasa dosis de inteligencia que les fue dada por ley natural les sirve para intentar pensar y recrear realidades paralelas que sólo pueden llenar sus vacíos materiales, sus vacíos superficiales, el saber que será reconocido por tener UN CARGO, el saberse más y más y mejor e importante por criticar a aquellos que son diferentes, que no se acoplan a sus gustos, a sus necesidades, a lo que en definitiva están acostumbrados a VER y a TRATAR. Me repugna, me da asco hablar de ellos, pero de alguna manera debo desahogarme en este sitio que me pertenece y al que permito que critiquen SERES que no me conocen, que no viven, que no conviven conmigo como para saber el miserable humano que puedo llegar a ser y no por falta de ideales, sino por mi reacción contra el mundo que me rodea, que me produce horror y náuseas, que me desencaja de esta realidad que me ha costado aceptar.


Hoy quizá manifesté una nueva lección de vida aprendida y que no sabía en mí.


Hoy estoy de nuevo sola, sola como todos los días, sola esperando que llegue alguien con quien apenas intercambiaré saludos y conversaciones breves monotemáticas, con quien finalmente no me interesa hablar, no hoy, no con este vacío, con este dolor preso, con esta indignación, con esta decepción.


Hoy he vuelto a hundirme en mis conflictos más hondos... En la necesidad por encontrarle sentido a lo absurdo, en la necesidad por volver A SER, por no dejar que cada día holle mi corazón, lo poco que ya queda de él.


Hoy he vuelto a sentir el miedo por mi insensibilidad, mas también he sentido que la mano de Dios me ha tocado y me ha permitido actuar de la manera más razonable y consciente.


Hoy ya son las 7:53 pm y yo sigo creyendo que el sol no se ha ocultado y que el calor me sigue agobiando, aunque una tímida y casi imperceptible brisa se cuela por la ventana.


Hoy la soledad ya no me acusa, se fue a dormir antes que yo.

lunes, 9 de junio de 2008

Cambios...


Ayer me digné a ocuparme un poco de este espacio que comparto con los seres que osan visitar. Inicié el contador de visitas, poco más de 6 meses desde que empecé a sumergirme en este mundo, inducida por otra persona.


No son muchas las personas que me frecuentan por este medio, dado que es poco el tiempo que ocupo en visitar otros blogs y comentar los textos presentes; he allí donde radica la dinámica de esto. Sin embargo, bienvenidos sean los que por circunstancias de la vida vienen a parar aquí, a este rincón que tímida y desconfiadamente habito.


Saludos a todos, pronto les compartiré una nueva experiencia, una nueva visión de vida, un nuevo escrito...

miércoles, 4 de junio de 2008

De lo que no es verdad y de lo que se oculta

A Ytalo Di Lucas

La lógica nos indica que lo que no es verdad es porque es mentira, ¿cierto? La lógica nos conduce a discernir que lo que se oculta es porque es verdad y no mentira. Cuando ocultamos la verdad, no estamos mintiendo, simplemente ha sido una reacción moral contra lo reprobable que resulta ser recrear UNA REALIDAD que no es real (valga la redundancia).

Así nosotros como seres humanos racionales y en constante búsqueda de hallar culpables a situaciones de las que sólo nosotros tenemos el control, vivimos en un eterno debate entre mentir y ocultar. Muchos optan por mentir, porque quizá lo que SON no les satisface y les produce mayor placer proyectar SER lo que no son y desean SER. Otros preferimos ocultar algunas verdades porque nos conflictúa existencialmente el hecho de crear realidades paralelas, sostenidas sobre la base de lo que no existe, como suelen ser las mentiras. Más aún, el hecho de mentir (aparte de necesitar habilidades como la creatividad, buena memoria e histrionismo) requiere de la tediosa condición de seguir hilando una serie de sucesos que, a mi juicio por ser persona carente de la virtud de la paciencia, me hastiaría en el límite que colma lo poco que tengo de ella.

Ahora bien, me cuestiona el hecho de que tengamos que mentirle a un ser desconocido. Claro, muchos aducirían que no tendría importancia cuando la mentira va dirigida a un ser que finalmente no existe REALmente para nosotros, pero precisamente ¿por qué no SER plenamente ante lo desconocido? ¿Por qué mentir a un ser que probablemente jamás lleguemos a conocer? ¿Por qué?

Quizá el conflicto esencial no radique en el propio hecho de mentir, sino en por qué se miente. Ahí es que se concentra toda mi atención. Por supuesto, es recurrente que estemos en constante búsqueda de respuestas a muchos por qué de la vida, mas este adquiere un carácter especial dada las consecuencias que genera el decir algo que no es verdad.

Al final, nadie soy para juzgar, nadie soy para mentir, nadie soy para ocultar. Solo soy un ser humano que busca hallar la transparencia en el otro, aunque yo me hunda en la oscuridad de mis misterios. No miento, no digo lo que no es verdad, prefiero ocultar, pero la REALIDAD no se puede mantener en las sombras eternamente. Inconscientemente, cometemos el error de revivirla día a día.

Nota: Al momento de escribir este texto NO SOY.

lunes, 19 de mayo de 2008

El desdoblamiento de un deseo y una realidad

No existe…

Y el sueño de una noche continuó la mañana siguiente.

Ese día había despertado tan feliz, pues en sus fugaces viajes nocturnos su acompañante era J. D.***. Sí, J. D.***. Ese muchacho misterioso que le robó el alma aquella tarde de domingo, cuando fijó su mirada en el enigma del verdor de sus ojos. Nunca pudo ocultar que gran parte de sí le había sido robado en el mismo instante en el que sus miradas se clavaron y unos segundos bastaron para sentir la inquietud y el deseo de permanecer a su lado.
El inicio de semana pronosticaba la satisfacción y la temible alegría. Y es que sólo recrear el hermoso rostro en su mente le era suficiente para iluminar su día, aunque las tinieblas por siempre lo habían adornado.
Aquella mañana despertó con el brillo característico en su mirar. Desayunó, hizo algunos rituales de la cotidianidad y ―como eran días festivos navideños― volvió a la cama. Necesitaba recuperar el sueño perdido. Lo que no imaginó es que el viaje de aquella noche se prolongaría al cerrar nuevamente sus ojos y desplomarse en el letargo maravilloso del sueño de una noche que continuó la mañana siguiente.
El encuentro con el enigmático hombre la turba, la enloquece, la estremece, la excita, la condena a la pasión más extraña que ha vivido a su escasa edad. Cualquier instante que rememore su indescifrable existencia despierta el deseo en ella.
La mañana estaba predestinada a continuar el encuentro de la noche anterior. Allí estaba, nuevamente con él… Y el mundo desaparecía ante el espasmo de la muchedumbre; y sólo él habitaba el insólito territorio que se desfiguró por completo al sellarse en un efímero abrazo y un prolongado beso. El tiempo y el espacio empezaron a colmarse de la rareza que los caracteriza, a él y a ella.
Fue una tarde la de la cita preparada por el destino. Una lluvia suave y casi imperceptible inundaba la multitud de gente carente de rostro que se repartía en el lugar, y en aquel rincón y en la confusión de la neblina inexplicable que ahogaba el sitio, seguían los besos furtivos y la sensación de que todo era un sueño maravilloso al que ya no se desea despertar.
El fin aproxima su llegada. Despertó y se sentía satisfecha. Siempre que su vida girase alrededor de la de él, todo era gratificante.
En la tarde que completaba el ciclo de aquel día, platicó escasos minutos con él. Resulta extraño… Sí, extraño, pero en los viajes nocturnos gozaba por más tiempo de su compañía que en los encuentros diurnos. Al parecer el misterio de J. D.*** se agudiza cuando Isabel y él están más conscientes de lo que hacen. La inconsciencia es el momento pleno para que cada uno sea y para que sean uno.
La charla duró menos de treinta minutos. Isabel siempre estuvo acostumbrada a la rapidez y rareza que abrigan la cercanía con el enigmático hombre de ojos verdes. Aquella tarde no fue la excepción.

Nuevamente Isabel se halla en sus placenteros viajes nocturnos. Y ahora su acompañante furtivo es el otro D***. Sí, el otro D***. Ese muchacho soez que la trastorna, pero que con cada beso le devuelve la picardía de la adolescencia, de la inocencia… Su presencia la invade de una paz absoluta y su olor la traslada a espacios inimaginados. Sus huidas están llenas de besos y abrazos. De besos largos y apasionados; de abrazos cortos y fogosos.
Es ahora el otro D*** el dueño de su inconsciente y sólo el retrato de J. D.*** se desvanece en su imaginación. Su cetrina mirada estará clavada por siempre en el corazón que huye de una realidad, en un corazón que evade el desdoblamiento de un deseo que se ha vuelto uno, en ella y en él, en Isabel y la otra, en J. D.*** y el otro D***… Es el desdoblamiento de un deseo y una realidad que no existe.
Ha despertado. Finalmente, la excitación ha menguado. Seca el sudor de una noche de pasión. Se encuentra sola en la cama. Su viejo acompañante se ha ido. Su nuevo dueño se ha esfumado. Trata de hallarlo. Ya es tarde. Debe preparar el desayuno. Debe salir al trabajo. Ya el tiempo de vagar acabó. Ya el tiempo para continuar la mañana siguiente el sueño de una noche se agotó. J. D.*** y el otro han desaparecido. Isabel y la otra también. Ahora sólo yo me encuentro presa en la desilusión de saberlo.
Ahora sólo el desconcierto me turba al reconocer que los sueños de una noche no se hacen realidad, que el deseo por un hombre (o por dos ―¡qué se yo!―) se vuelve a mí y me enloquece, que una realidad dual me acusa, que esa realidad ya no existe. Me derrumbo en mi cama con una esperanza: que el sueño de esta noche continuará la mañana siguiente.

viernes, 16 de mayo de 2008

El fallido escape (primera versión, primer intento)



Hoy desea huir de mí. No sé explicar esa extraña y desagradable sensación que se apodera de mi maltrecha materia en los instantes en los que sólo desea despojarse de la tensión producida por el transcurrir del tiempo.
Hoy se sentía como un inocente reo que desea escapar justamente de la prisión: ¿por qué quiere fugarse de su sempiterna guarida terrenal? ¿Por qué huye del regazo que le ha permitido refugiarse de los males de esta viciosa vida? ¿Por qué separarse de la tortura de ser prisionera?
La tarde de hoy fue ideal para concretar la huida. La tarde conspiraba con sus ansias para despojarse completamente de mí. La tarde era perfecta para experimentar por más de unos minutos la sensación de salir y regresar… Salir y regresar como casi todas las noches… Noches que aprovechaba mientras dormía con la presión de mi espalda sobre la cama… Y su momento ideal era en la oscuridad… Ignoraba que sentía aún más sus agitadas salidas y entradas, porque el silencio nocturno procuraba la plenitud de los demás sentidos…
Una de esas noches se trasladó a ese lugar oscuro que le impedía observar lo que a su alrededor se hallaba. La sensación de éxtasis y confusión era impresionante. La sensación de libertad y prisión colmaba de dolor el agobio del encierro… Sentía levitar su ya incorpórea presencia. Y el ruido de los otros era angustioso… Y los gritos empezaron a agudizarse: la huida se reiniciaba para el encierro…

Hoy fue escogido como la oportunidad perfecta para nuevamente despojarse del cuerpo que la captura forzosamente hasta producir la asfixia del hastío, de la desolación, de la vacuidad…
Inesperadamente, no necesitaba estar consciente del acto que consumaría a medias unos minutos más tarde. Al fin sentí salir, sin dolor, sin ese ensordecedor y enloquecedor silbido que trastorna la inconsciencia humana.
Todo permanecía igual: el reloj del reproductor de música, la otra cama, el resplandor que traspasaba la débil cortina de la ventana, la puerta entreabierta… sólo algo no sentía: el viento acariciar su inexistencia física…

No sé precisar cuánto tiempo estuvo fuera, sólo sé que ya el reloj marcaba las 2: 06 pm, cuando todo volvió a la rutina. Mis ojos únicamente fijaron su horizonte en los 4 minutos que habían transcurrido desde la primera salida consciente.

lunes, 12 de mayo de 2008

Y aquí estoy…

A un hombre que no existe…

Y aquí estoy postrada en mi cama,
entregando un pensamiento más a ti,
a la soledad de una cama vacía, fría e inerme.
Y aquí estoy envenenándome con las benditas palabras
que se unen en una melancólica melodía
que hace que mis ojos se humedezcan
ante los recuerdos inexistentes de lo que no ha sido ni será.
Y aquí estoy haciendo trizas los añicos
en los que ya mi deshecho corazón aún late,
quizá al compás de una ilusión que no muere.
Y aquí estoy inerte ante el deseo sedado por ser tuya una y otra vez,
por primera y siempre vez.

La noche más triste



La noche más triste fue muy parecida a aquella en la que te estaba enterrando, apareciste con tu siempre velo de enigma y yo cedí a la necesidad de tus palabras, de tu cercanía inexistente, de tus deseos por otra. Yo decidí días anteriores no precisamente ocupar el puesto de aquella princesa, sino ser OTRA PRINCESA que ya no siente decepción, mas sí un gran amor inmensurable... Quizá no tanto como el que le tengo a Dios, pero sí tan fuerte e indestructible.
La noche más triste fue aquella en la que descubrí que la esperanza había muerto y solo la ya inalcanzable posibilidad de ser tuya me devuelve un poco de aliento. Sé que regresarás pronto a la vida, tal vez no ahora, pero volverás, y ya esa esperanza difuminada podrá ser recompensada con la dicha de lo imposible materializado por la mano de nuestro Padre.
La noche más triste lloré por una paradójica felicidad y emoción que duele; de ese dolor que no se siente.
La noche más triste confesé mi amor a ti y siento que desde ese día morí, porque solo la fe de creer en un NUESTRO AMOR me mantenía viva. Ahora soy nuevamente la mujer que no siente, la mujer que no llora, la mujer cuyo corazón no late al compás de ningún otro, la mujer que aniquiló el deseo, la mujer que no quiere herir, que no quiere herirse, pero si ya no siento, ¿cómo puedo desear no lastimar ni lastimarme?
La noche más triste se cerró con una ilusión extinguida, con una fe derrumbada, con un ser humano que no ha llegado a ser mujer, porque nuevamente le has negado la dicha de ser en ti UNA Y PARA SIEMPRE.
La noche más triste he vuelto a partir detrás de otra muerte distinta, la que me conduce a una senda recorrida, y no te imaginas cómo tu rostro se pasea en cada suspiro que se escapa entre lágrimas, y no te imaginas cómo el calor de tu cuerpo se siente.
La noche más triste por vez primera sentí un extraño calor, no sé si el de tu alma que voló hasta mi lar para consolarme; solo sé que extendí mis brazos e ideé tu cuerpo reposando sobre el mío, y solamente mi boca halló consuelo en tu frente.
La noche más triste descubrí que amar es distinto cuando se calla, distinto a cuando se dice. No sé si algún día podré descubrir qué tan diferente sea AMAR AMÁNDOSE.
En la noche más triste un secreto más quedó encerrado en mi alma y carezco del valor para enfrentarlo ante ti; mi debilidad pudiera ser impactante ante tu rudeza; mi secreto puede cambiar la historia.
La noche más triste debe morir aquí, en este sitio
bendito por mis palabras.

lunes, 17 de marzo de 2008

Una noche




A ti, con todo el desprecio de mi alma


Las noches oscuras, las noches frías… las noches… las noches lejanas que vivía a la expectativa de tu llegada; esas noches invadieron de tristeza, melancolía y dolor una noche, aquella que te fuiste. Esperaba impregnada de suaves y mortíferos olores que tu cuerpo buscara el mío; llena de la magia que sólo yo podía descubrir en una enigmática luna llena colmada de secretos. Una noche te esperé pero fue muy tarde. El hechizo se rompió y he vuelto a ser mujer. Tu cuerpo jamás me poseyó para que alcanzara la divinidad. Tu carne jamás fue cubierta por mi humedad. Tu ser jamás sintió cómo mi alma latía al imaginar los roces del pecado, de la lujuria. Hoy que la luz del sol inunda mi vida y tu muerte, nunca te perdonaré que me permitieras seguir siendo mujer; la fémina mortal que se volvió inalcanzable para los otros mortales, como el espectro. Te odio y juro ante la tierra que se está haciendo dueña de lo que quedó de ti que escarbaré en ella hasta borrar la última señal tangible de tu miserable paso por el tercer planeta.