Hoy desea huir de mí. No sé explicar esa extraña y desagradable sensación que se apodera de mi maltrecha materia en los instantes en los que sólo desea despojarse de la tensión producida por el transcurrir del tiempo.
Hoy se sentía como un inocente reo que desea escapar justamente de la prisión: ¿por qué quiere fugarse de su sempiterna guarida terrenal? ¿Por qué huye del regazo que le ha permitido refugiarse de los males de esta viciosa vida? ¿Por qué separarse de la tortura de ser prisionera?
La tarde de hoy fue ideal para concretar la huida. La tarde conspiraba con sus ansias para despojarse completamente de mí. La tarde era perfecta para experimentar por más de unos minutos la sensación de salir y regresar… Salir y regresar como casi todas las noches… Noches que aprovechaba mientras dormía con la presión de mi espalda sobre la cama… Y su momento ideal era en la oscuridad… Ignoraba que sentía aún más sus agitadas salidas y entradas, porque el silencio nocturno procuraba la plenitud de los demás sentidos…
Una de esas noches se trasladó a ese lugar oscuro que le impedía observar lo que a su alrededor se hallaba. La sensación de éxtasis y confusión era impresionante. La sensación de libertad y prisión colmaba de dolor el agobio del encierro… Sentía levitar su ya incorpórea presencia. Y el ruido de los otros era angustioso… Y los gritos empezaron a agudizarse: la huida se reiniciaba para el encierro…
Hoy fue escogido como la oportunidad perfecta para nuevamente despojarse del cuerpo que la captura forzosamente hasta producir la asfixia del hastío, de la desolación, de la vacuidad…
Inesperadamente, no necesitaba estar consciente del acto que consumaría a medias unos minutos más tarde. Al fin sentí salir, sin dolor, sin ese ensordecedor y enloquecedor silbido que trastorna la inconsciencia humana.
Todo permanecía igual: el reloj del reproductor de música, la otra cama, el resplandor que traspasaba la débil cortina de la ventana, la puerta entreabierta… sólo algo no sentía: el viento acariciar su inexistencia física…
No sé precisar cuánto tiempo estuvo fuera, sólo sé que ya el reloj marcaba las 2: 06 pm, cuando todo volvió a la rutina. Mis ojos únicamente fijaron su horizonte en los 4 minutos que habían transcurrido desde la primera salida consciente.
Este blog apenas nace con los restos de un ayer que se vuelve hoy... y con la esperanza de un mañana inexistente... "SIEMPRE ES HOY"
viernes, 16 de mayo de 2008
El fallido escape (primera versión, primer intento)
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