lunes, 17 de marzo de 2008

Una noche




A ti, con todo el desprecio de mi alma


Las noches oscuras, las noches frías… las noches… las noches lejanas que vivía a la expectativa de tu llegada; esas noches invadieron de tristeza, melancolía y dolor una noche, aquella que te fuiste. Esperaba impregnada de suaves y mortíferos olores que tu cuerpo buscara el mío; llena de la magia que sólo yo podía descubrir en una enigmática luna llena colmada de secretos. Una noche te esperé pero fue muy tarde. El hechizo se rompió y he vuelto a ser mujer. Tu cuerpo jamás me poseyó para que alcanzara la divinidad. Tu carne jamás fue cubierta por mi humedad. Tu ser jamás sintió cómo mi alma latía al imaginar los roces del pecado, de la lujuria. Hoy que la luz del sol inunda mi vida y tu muerte, nunca te perdonaré que me permitieras seguir siendo mujer; la fémina mortal que se volvió inalcanzable para los otros mortales, como el espectro. Te odio y juro ante la tierra que se está haciendo dueña de lo que quedó de ti que escarbaré en ella hasta borrar la última señal tangible de tu miserable paso por el tercer planeta.